• Agustin Manuel Cobos Cabezon

Eres una bendición.

RENOVACIÓN CARISMÁTICA PALMA. Entre la enfermedad me ha costado más escribir, pero hoy, nuestro buen Jesús, viene a darme un nuevo regalo, una palabra del Génesis: “Yo te bendeciré… y serás una bendición”. No estamos en este mundo únicamente para ser bendecidos por Dios, para ser felices con este regalo, sino para bendecir al prójimo. Cada una de nuestras bendiciones deben fluir amorosamente hacia el corazón del otro. En cada bendición que dirigimos al prójimo Dios habla por nuestros labios.


La grandeza de la bendición al otro, cuando surge de un corazón abierto, alegre, amoroso y misericordioso, es que Dios también bendice tu propia vida porque ¿acaso no dijo Jesús aquello de “dad y se os dará porque en la medida que deis recibiréis?”

Cuando más es uno bendecido por Dios, más espera Él que te vuelques en el prójimo. Con la bendición de Dios, puedo caminar confiado sabiendo que no estoy solo, consciente de que Dios y María velan y por mí.


¡Señor, bendícenos! ¡Bendice a mis amigos, a mis enemigos, a tu Iglesia, a todos los necesitados, a los que te persiguen o blasfeman, bendice a mi familia y a todas las del mundo, Señor, Dios todopoderoso! ¡Bendice a todos los que me rodean, especialmente a aquellos que me han hecho daño o yo he dañado, a los que me critican o yo he criticado, a los que sienten animadversión por mí o yo por ellos, a los que me han traicionado o yo les he fallado, a los que me hicieron mal y yo respondí con la misma moneda, a los que hirieron mi corazón y yo también les hice sufrir, a los que se alegraron de mis fracasos y yo no estuve a su lado cuando lo necesitaban, a los que me dejaron solo en los momentos de dificultad y yo me olvidé de ellos en sus necesidades! ¡Señor, bendícelos a todos ellos con tu Amor! ¡Bendice, Señor, todo lo que mis manos hagan para que se conviertan en bendición para los demás! ¡Bendice, Señor, cada uno de mis pensamientos para que sean como los tuyos y quieran el bien de los demás! ¡Bendice, Señor, mi propia vida y la de los demás, para que sea imagen tuya en la sociedad! ¡Bendice, Señor, mi corazón para que se convierta en fuente de bendición que transparente tu amor! ¡Bendice, Señor, el pasado, presente y el futuro de mi vida! ¡Bendice a mis sobrinos, a mis amigos, a mis padres, a mis hermanos, a mi familia, a mi ahijado, a mi comunidad parroquial, a todos cuanto me encuentre hoy y siempre por el camino de la vida! ¡Bendice, Señor, cada palabra, pensamiento, actitud y sentimiento que surja de mi alma! ¡Bendice, Señor, cada una de mis preocupaciones y sinsabores, cada alegría y cada triunfo! ¡Bendice, Señor, a los que no tienen donde cobijarse ni que comer, a los despreciados de la sociedad, a los abandonados del mundo! ¡Bendice, Señor, al Santo Padre, a los obispos y sacerdotes, a los consagrados y consagradas, a los misioneros, a los que dan la vida por ti, a los perseguidos por razón de la fe! ¡Bendice a los gobernantes y los políticos de mi país y del mundo entero para que gobiernen siempre por el bien común y la vida! ¡Bendice, Señor, cada uno de mis pasos para que me lleven hacia el Paraíso anhelado! ¡¡¡Amén!!!



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  • Renovación Carismática Católica

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