• Fernando Mosquera

Contemplación, espiritualidad y turismo.


-"¿Qué precio podríamos poner a una puesta de sol? ¿Hay alguien capaz de decir cuanto vale cada Amanecer?, ¿ Que valor puedo darle a mis últimas vacaciones en Mallorca?".

-"Contemplando el milagro de la naturaleza, me siento invadido por un sentimiento de infinita gratitud".

-"Yo he visto", "Yo presencié, yo estuve allí, contemplé la maravilla de aquel atardecer junto a la catedral etc."


Turistas descansando delante de la Catedral de Palma de Mallorca.

Estas expresiones y vivencias definen en gran parte la experiencia del turista a la hora de sopesar en el recuerdo lo que quedó de aquel viaje, de aquellas vacaciones. Es que contemplar, observar, conocer constituye un elemento imprescindible en la actitud del que hace turismo. El turista, impulsado por el ansia de conocer, de disfrutar es el que penetra con más profundidad en la realidad; la novedad que observa le estimula más para que, a través de su mirada, estrene nuevos aspectos de las cosas, aspectos que otras personas no tendrán en cuenta a causa de las costumbres de pasar por lo cotidiano y superficial.


La capacidad receptiva que tiene el que contempla una cosa, un paisaje etc. por primera vez le facilita poder descubrir el profundo significado de lo que ve. Y no solamente le promociona hacia lo objetivo, sino que le afecta a su misma subjetividad. Al contemplar las cosas con una nueva mirada, parece que descansa en ellas y encuentra en la misma realidad el cobijo frente a las angustias y el estrés que pueden causar el devenir de lo cotidiano. El turista, sin querer, está estructurando los pilares de una nueva espiritualidad, la espiritualidad de la contemplación como descanso y sosiego.



Ese descanso y sosiego, esa paz, en definitiva, es la disposición necesaria para un encuentro con la Trascendencia. De este modo, el turista, sin quererlo, está cultivando su espiritualidad. Pero el cultivo espiritual requiere un "humus" adecuado donde sea posible el florecimiento de la experiencia de Dios.

En este sentido, a través de las cosas creadas y la paz que produce contemplarlas (humus), el ser humano descubre al Creador y aunque parezca mentira, la postura de admiración del hombre ante las maravillas de Dios es una forma de oración simple, pero sublime, aunque con frecuencia no se exprese como tal.


Esa paz interior que se alcanza durante la contemplación de las cosas se ha vuelto indispensable para que existan satisfactorias relaciones con las otras personas con las que nos relacionamos: No puede haber paz con los demás sino cuando la tenemos con nosotros mismos. Por lo tanto, el turismo y las vacaciones también son agente de paz entre las gentes.


A pesar de las cambiantes condiciones que la vida impone, el turismo y las vacaciones son experiencias humanas capaces de llevar al hombre a Dios.


-La espiritualidad del Turismo, Mn. A. Alzamora.

-Ennio Morricone-The mission, Gabriel Oboe.

-Imagen: F.Mosquera.


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